Ingeniero Civil
Publicado el 09 de Julio 2025
El crecimiento urbano acelerado y el aumento del parque vehicular en las ciudades chilenas han generado una presión constante sobre la infraestructura vial existente. En este contexto, las Zonas de Tráfico Calmado (ZTC), también conocidas como zonas 30, se consolidan como una herramienta efectiva para mitigar los impactos negativos del tránsito motorizado en sectores urbanos de alta interacción peatonal. Su correcta implementación permite mejorar la seguridad vial, reducir la siniestralidad y recuperar el espacio público para los modos de transporte sostenibles.
Las Zonas de Tráfico Calmado se definen como una Vía o conjunto de vías emplazadas en zonas urbanas, definidas dentro de una determinada área geográfica, en las que a través de condiciones físicas u operacionales de las vías se establecen velocidades máximas de circulación inferiores a las establecidas en esta ley, pudiendo éstas ser de 40 kilómetros por hora, 30 kilómetros por hora o 20 kilómetros por hora y corresponden a sectores delimitados dentro del tejido urbano en los que se aplican restricciones específicas de velocidad, generalmente entre 20 y 30 km/h, junto con intervenciones físicas del espacio vial que inducen al conductor a moderar su comportamiento.
Estas medidas no se limitan a señalización, sino que incluyen modificaciones geométricas y elementos de diseño urbano que priorizan a peatones y ciclistas por sobre el flujo vehicular.
Desde una perspectiva técnica, las ZTC se basan en tres principios clave:
Reducción de velocidad: Estudios internacionales y nacionales demuestran que el riesgo de fatalidad en un atropello disminuye drásticamente cuando el vehículo circula a menos de 30 km/h.
Diseño vial disuasivo: Elementos como chicanas, lomos de toro, plataformas elevadas y ensanches de vereda actúan como mecanismos de moderación física del tránsito.
Reordenamiento del espacio vial: Se busca redistribuir el espacio urbano, otorgando mayor superficie y prioridad a los modos activos de transporte.
En los últimos años, diversas comunas chilenas han avanzado en la implementación de zonas calmadas, destacando experiencias piloto en Santiago Centro, Providencia y Temuco.
Estas han sido parte de planes maestros de movilidad sustentable o iniciativas específicas de mejoramiento barrial. Sin embargo, su adopción aún es incipiente y enfrenta desafíos como la resistencia cultural, la fiscalización limitada y la falta de estudios de impacto previos a la intervención.
La planificación y evaluación previa son esenciales para garantizar la efectividad de una Zona de Tráfico Calmado. A través de los informes de mitigación de impacto vial, modelaciones de flujo y estudios de seguridad vial, es posible determinar los puntos críticos, las velocidades actuales, la exposición peatonal y las condiciones geométricas del entorno.
Una intervención bien diseñada debe considerar la articulación con redes de transporte público, accesos a equipamientos urbanos (escuelas, centros de salud) y la percepción de seguridad de los usuarios.
El desarrollo del Plan Intercomunal de Infraestructura de Movilidad y Espacio Público (PIIMEP) en las comunas, exigencia de la Ley de Aportes al Espacio Público, permitira proponer proyectos y medidas en mejoras de la seguridad vial de los residentes, entre los cuales, la implementación de las Zonas de Tránsito Calmado se visualiza como una forma de solución en muchos sectores de las comunas, no obstante, el retraso en el desarrollo de los Planes en el pais, retrasa la implementación de planes de movilidad y proyectos que mejoren la seguridad vial en el pais.
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